Thursday, July 02, 2009

Pocono 500 - Parte IV - Por: Eduardo Bechara Navratilova

- Montoya podría ser campeón hasta de lanchas de propulsión a chorro -, solía decir papá. ¡Cuán equivocado estaba! El Montoya de la actualidad no es sombra del automovilista aguerrido que sus adversarios temían. Se alejó un par de galaxias del corredor que ganaba en donde compitiera, la fiera que pasó a Michael Schumacher aquella famosa tarde de 2001 en Brasil, cuando Jos Verstappen lo estrelló por detrás en la vuelta 38, quitándole la posibilidad de imponer el record como el primer piloto de la historia en ganar en su tercera carrera de la F1.

El corredor bogotano recorre la curva de la Milla de Milwaukee, entra a la calle de ‘pits’ siguiendo la fila de carros y hace una parada larga en la que pierde varios puestos. Se ubica detrás del carro número 6 de David Reagan. Casi treinta vehículos lo separan de Carl Edwards quien va de líder. El ‘pace car’ apaga las luces y la carrera se relanza en la vuelta 139 al rugido de los motores.


Supongo que hay muchas personas que piensan como papá. Miles de hinchas que sienten un nudo en la garganta cuando lo ven retrazarse de forma sistemática en cada una de las carreras. La imagen de los viejos tiempos, la del hombre atrevido que era capaz de ganarlo todo, - incluso una carrera de lanchas -, ha quedado desvirtuada por completo.

La bandera amarilla ondea de nuevo por suciedad en la pista y los carros entran a ‘pits’. Tony Stewart sale de primero bajo la nube oscura que flota sobre el autódromo. Una gota de agua cae sobre mi brazo. Dan un par de vuelta tras el ‘pace car’ esperando que pase la llovizna que baña la pista.


Esa tarde de 2001 en Brasil Montoya mostró los dientes. El mundo entero lo entendió así, aunque el siete veces campeón del mundo negara que el acontecimiento tuviera relevancia. La forma en que el piloto bogotano lo sobrepasó imponiéndole su monoplaza en una re-arrancada, no sólo marcó el inicio del duelo Montoya-Schumacher, sino que les abrió los ojos a los demás pilotos quienes le rendían pleitesía al “rey”. En contraste, el Montoya de la Nascar luce dócil. Muchas veces se le ve resignado a ser uno más de los corredores de mitad de carrera a quienes Jimmie Jonhson, Tony Stewart, Carl Edwards, Kurt Bush y otros corredores de punta pasan empujando hacia un lado. Le han untado el carro tantas veces que la antigua fiera luce como una bestia domada.


- La llovizna va a pasar rápido. Están diciendo que no se demora ni cinco minutos -, comenta Don mirando la nube en movimiento. Al poco tiempo escampa y el sol vuelve a calentar mi piel.

- Así es Pocono, está lleno de contrastes -, dice el comentarista por el parlante. – Nos llegó la voz de que ha vuelto a hacer un calor intenso en las tribunas -, añade.

- En dos vueltas se relanza la carrera -, indica Don levantando el índice y anular.

Jeff Gordon, Montoya y algunos otros corredores entran a ‘pits’ y se ubican al final de la fila. Algunos coleros lo hacen en la siguiente vuelta. El ‘pace car’ apaga las luces y la carrera se larga de nuevo. Stewart defiende el primer lugar de Edwards. Johnson va tercero. Montoya diecinueve. Kasey Kahne presiona a Johnson y lo sobrepasa en la recta. Don sacude su cabeza hacia uno y otro lado, me da un golpe en el brazo, se monta la maleta al hombro y desciende por la tribuna hacia la salida.


- La imagen mítica de Montoya se fue al piso –, comentó papá al saber que terminó de veinticinco en su segunda temporada en la Nascar. – Cuando uno se nivela por abajo y fracasa, la gloria anterior desaparece en la memoria colectiva. El piloto bogotano será recordado por su fracaso. Nadie habla ya de sus triunfos -, añadió con desilusión.

- Peor que eso, a Montoya se le olvidó ganar -, le respondí con cierta amargura. - Corre lejos de la punta, luce poco combativo y no descifra la puesta a punto del carro. Sus grandes virtudes aparecen ahora como grandes defectos.

El comentarista lo anuncia en el puesto dieciocho. Toma la curva de la Milla de Milwaukee y pasa frente a la tribuna tras Dale Earnhardt Jr. Parece seguir girando al ritmo de los líderes.


Su primer contacto con la Nascar fue en un evento publicitario en 2002 cuando corría para Williams. Jeff Gordon condujo el monoplaza de la F1 y Montoya manejó el ‘stock car’ del piloto norteamericano. Salió por TV dando declaraciones emotivas desde el autódromo de Indianápolis. Es muy posible que la idea de correr algún día en la Nascar le haya surgido en ese momento.

Boyer presiona a Johnson al tiempo en que algunos bólidos empiezan a entrar a ‘pits’. Cambian dos llantas y recargan combustible. Khane desacelera por la curva de la Milla de Milwaukee y entra. Algunos otros lo hacen en la vuelta 185, 186, 187. La pregunta es si Montoya tiene suficiente combustible como para llegar a la línea de meta sin hacer la parada.


Un hombre lleva una lata de cerveza a su boca, inclina su cabeza y toma un trago con gusto. – Burrrrrrrrrrrrg -, eructa con fuerza. Toma otro poco y escupe un gargajo oscuro sobre el corredor de aluminio. – ¡No te dejes ganar de ese cabrón! -, le grita a Gregg Biffle quien pasa presionado por Jamie McMurray. Termina la cerveza, arroja la lata al piso y la apachurra de un pisotón.

La Nascar es tosca dentro y fuera de la pista. Sus aficionados y corredores habitan la Norteamérica profunda. Muchos de ellos son “Rednecks”, hombres que tienen la piel quemada porque trabajan expuestos al sol. ‘Cuellosrojos’, vendría a ser la traducción literal. La F1 en contraste es refinada y glamorosa. Sus participantes adquieren una especie de título nobiliario propio de la Europa medieval: Piloto de la F1. El príncipe Raniero le entregó el trofeo a Montoya cuando ganó el gran premio de Mónaco en 2003. Por fortuna al corredor colombiano esto le dio igual.


Su bólido mantiene un buen ritmo aunque es notorio que no pasa frente a la tribuna con la misma velocidad de antes. Algunos otros carros que lo preceden se detienen a recargar combustible y el tablero lo anuncia en la octava posición. Lo veo correr de forma consistente al entrar en la recta y empiezo a contar las vueltas: 189, 190, 191, 192,193, 194. Los líderes pasan a un ritmo más lento a medida en que transcurren las vueltas. Todos van guardando combustible.

Montoya de por si conducía de forma brusca en la Cart y la Formula 1, aunque sus movimientos en pista eran certeros y precisos. Su brusquedad es una virtud en categorías en las que no puede haber contacto con otros carros so pena de romper un alerón del monoplaza. En la Nascar ser brusco y tosco no es ninguna ventaja ya que el contacto frecuente es parte del juego.

Vuelta 195. Continúa de octavo seguido por el carro número 31 de Jeff Burton y el número 77 de Sam Hornish. Más atrás va Logano. Atrás de Logano viene Kahne como una tromba. Vuelvo al tablero. Vuelta 196, Montoya toma la tercera curva del triangulo y pasa rugiendo frente a la tribuna. Kanhe está encima de Logano, a un tercio de recta de Montoya. Vuelta 197, 198.

La bandera blanca ondea. Edwards presiona a Stewart en la recta, Johnson a Edwards. Lo pasa. Montoya sigue sólido y se hace evidente que Kahne no lo alcanzará. Los carros toman la curva de Indianápolis en la lejanía. Tony Stewart continúa en punta. – Apagó el motor -, dice el comentarista. Edwards viene tras él. – Volvió a prenderlo -, grita el hombre. Se enfilan hacia la curva de la Milla de Milwaukee y pasan frente a nosotros. Todo mundo se levanta de sus asientos para ver la llegada. La bandera a cuadros ondea y Stewart atraviesa la línea de meta.


- ‘Your the best Tony’ -, grita un hincha levantando su puño al aire. Johnson se queda sin combustible y su carro rueda con el impulso que traía. Es superado por David Reutimann, Jeff Gordon, Ryan Newman y Marcos Ambrose. Montoya entra a la recta y cruza la meta confirmando su octavo puesto. Khane derrapa y por poco pierde el control del vehículo. Varios competidores lo sobrepasan. Se repone y atraviesa la meta en el puesto quince.

Octavo. Bueno. No está mal. No está mal después de ir treinta y uno. A esto estamos acostumbrados ahora, a sentirnos satisfechos por un octavo puesto. Octavo. Bueno. No está mal, o por lo menos supongo que no lo está. Un ‘top 10’ en la Nascar es gran cosa. O por lo menos eso dicen. ¿Sí? Por ahora no me conformo. Él nos enseño distinto. Nos mostró que ser segundo es malo.


- Eres el mejor Tony -, continua gritando el hincha blandiendo su puño. Stewart da unos trompos quemando llanta en la línea de meta. Sale de la nube de humo y se dirige a nuestro sector empuñando la bandera a cuadros afuera de su ventana. Una rubia de bikini azul en cuya espalda desnuda sobresale un tatuaje por encima de sus glúteos salta sobre su puesto avivando al piloto ganador. Se apoya sobre su novio y lo abraza inclinando la cabeza hacia un lado.


Montoya ha terminado entre los diez mejores en tres de las últimas cinco carreras. Eso por lo menos muestra una progresión, pienso al bajar la tribuna entre el tumulto apeñuscado en la salida del sector. – ‘This is the fuckin’ best sport in the world -, dice un hombre de mediana edad que lleva la gorra de Tony Stewart. Un tatuaje de un escorpión sobresale en su brazo desnudo. Su cuello está ardido por el sol. Esperemos que la mejoría del piloto colombiano continúe y nos acostumbremos de nuevo a pensar que terminar de octavo es mediocre.


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Friday, June 26, 2009

Pocono 500 - Parte III - Por: Eduardo Bechara Navratilova




Cuando uno vive por fuera los pequeños recuerdos se vuelven importantes. Con frecuencia me veo en Bogotá al lado de papá y mis amigos. Montoya corría la Cart y nos hacía vibrar los domingos de carreras. Almorzábamos temprano para no perdernos un segundo. Nos sentábamos en torno a la TV y empezábamos a hacer conjeturas de cómo largaría su monoplaza.

- Va pasar a Hélio Castroneves en la primera curva así como siempre lo hace -, dijo Pali con los ojos fijos en la pantalla.

- Sí pero tiene que tener cuidado con Michael Andretti. Odia a Montoya, en la última carrera le botó el carro encima -, respondió el Negro Esguerra. Dario Franchitti era el contendor por el título.

- A mi lo que me encanta es que Montoya no le come a nadie -, comentó Pispe tomando un trago de ron.

- Sí, ojala hubiera más colombianos así, que no tienen miedo de salir a conquistar el mundo.

Payo, Pierre, Barro, Rajo, David, Novoa y Buenaventura tenían como plan obligado el de llegar a casa y ver la carrera de un colombiano que nos hacía sentir orgullosos. No había mayor placer que verlo envuelto en la bandera tricolor cuando ganaba una carrera y se dirigía al podio.


Diez años después ando aquí en Pocono viendo a un hombre que representaba todo lo que queríamos. Que el país fuera cuna de grandes científicos, intelectuales, artistas y deportistas que no le tienen miedo al triunfo. Él y Shakira eran los ejemplos a mostrar. La selección Colombia del ‘Pibe’ Valderrama, Rincón, Asprilla, Oscar Córdoba, Leonel, el Tren Valencia y Andrés Escobar, había dado señas de eso, auque todo se echó a perder en el mundial de 1994.

Ando sólo porque a mis amigos colombianos en ‘Philly’ no les interesa ver a éste Montoya, el hombre derrotado del que nadie habla. La estrella que se apagó.

Su bólido rojo con el signo de Target pasa frente a la tribuna y lo sigo con la mirada. Tiene un duelo con David Reutimann. En la siguiente vuelta adelanta dos carros. Le recorta distancia al número 1 de Martin Truex Jr., supera a un par de carros más, pero luego de unos giros empieza a quedarse de nuevo. Jimmie Johnson pasa al liderato y en corto tiempo le toma una ventaja de dos segundos a Gregg Biffle. Montoya entra a la curva de la Milla de Milwaukee y sale mal parado a la recta. Lo pasan algunos bólidos y desciende al puesto veinte.


Puede que siga viendo a Montoya por lo que represento. Puede que lo vea porque es un lazo que me une a un aspecto de mi pasado que me hacía feliz.

Biffle alcanza a Johnson y luego de unas vueltas lo pasa. Montoya empieza a rezagarse cada vez más. Como en Dover, parece estar corriendo sobre jabón. Sale mal parado de la curva en cada una de las vueltas. Ha perdido tanto rendimiento que los punteros se le asoman por detrás recortándole gran parte de las 2.5 millas del triangulo.

Todos pensamos que iba a mejorar con el Chevrolet, y de hecho lo ha hecho, aunque no es el de antes. Las familias en Colombia no adelantan un almuerzo para ver sus carreras.

Carl Edwards se apodera del primer lugar y algunos carros ingresan a ‘pits’. Los líderes entran en bandera verde hacia la vuelta cincuenta. Michael Waltrip hace un trompo entrando y sus mecánicos saltan hacia atrás para evitar ser atropellados.

- Que desastre -, dice Don moviendo su cabeza hacia los lados.

Montoya entra y sale. Calculo que debe ir en el puesto treinta. Joey Logano, amenaza con pasarlo. Luego de algunas vueltas lo supera. Edwards se acerca para tomarle vuelta por detrás. Lo pasa en la recta. No lo quiero decir, - pero con el antecedente de la semana pasada en Dover -, me siento haciéndole fuerza a un paquete. Biffle y Johnson lo pasan. Los veo girar por un buen tiempo sin mucha diferencia. Logano le amplia de forma paulatina la ventaja.

Debe ser el recuerdo. El recuerdo de una época fugada a la que me resisto a dejar. Las carreras eran una excusa para reunirnos.

‘Pits’ en seis vueltas -, dice Don mostrándome el número con sus dedos. Empieza la segunda tanda de parada en boxes. Johnson se acerca a Biffle y Don cierra los puños. Lo aviva cuando pasa por la recta.


Está bien, admito que las carreras eran importantes. Pero algo que nos hemos dado cuenta es que la emoción que generan es directamente proporcional al rendimiento del piloto al que le haces fuerza. Montoya llegó diciendo que no ganaría muchas en la Nascar, solo unas tres por temporada “ya que la categoría es muy competida”. Hasta ahora ha ganado una en tres años. En la vuelta 83 el locutor menciona que el piloto colombiano va de treinta y uno, aunque el nuevo juego de llantas y la entrada a ‘pits’ le han servido porque se ha nivelado al paso de los líderes.

Don se inclina y me dice: - Jimmie está teniendo problemas para sostener el ritmo. Edwards hace su tercera parada consecutiva en bandera verde, lo mismo que Johnson. El narrador dice por los parlantes que la primera mitad de carrera se ha ido en tiempo record debido a las pocas interrupciones. Poco después sacan una bandera amarilla por suciedad en la pista.

Don refunfuña por la mala suerte de su piloto. – En Dober le pasó lo mismo, entró a ‘pits’ antes de que sacaran una amarilla, pero al final se recuperó y terminó ganando la carrera -, comenta fijando la mirada sobre el horizonte.


Los carros entran a ‘pits’ a excepción de Logano, David Stremme, Jeff Burton y Montoya, quienes tienen vuelta perdida. Giran detrás del ‘pace car’ hasta que los líderes conectan por detrás. El coche de seguridad los deja pasar y aceleran por la curva a toda. Recorren raudos el triángulo y conectan con el grupo al final de la fila.

- Van a dar una vuelta después de que se largue la carrera y entran a ‘pits’ -, dice Don atento a la información que escucha en sus audífonos.

- Eso no suena muy lógico. ¿O sí?

- En estas carreras juega mucho la estrategia. Si entran a ‘pits’ y logran salir antes de que los demás den la vuelta, es lógico.


La bandera verde ondea y los carros aceleran por la recta, le dan la vuelta al triangulo y cuando vuelven, Logano, Burton, Montoya y Stremme se enfilan por la línea de ‘pits’. Montoya es el penúltimo de los cuatro en entrar pero el primero en salir. Los veo apurarse hacia la salida de ‘pits’ mientras los líderes recorren la curva de la Milla de Milwaukee y salen a la recta. Montoya, Logano, Burton y Stremme, van trescientos metros adelante confirmando el éxito de la estrategia. Le dan la vuelta al triángulo con el colombiano en punta corriendo a un buen paso. Su carro luce estable entrando a la recta. Pasan produciendo un estruendo y algunos segundos después lo hace Carl Edwards liderando la carrera. Los cuatro bólidos se mantienen estables durante algunas vueltas. Los líderes no parecen recortarles distancia. Poco después ondea la bandera amarilla.

- Suciedad en la pista -, dice Don.

El ‘pace car’ se sitúa delante del líder y Montoya, Logano, Burton y Stremme, dan un giro rápido ubicándose al final del grupo.

- Ves que la estrategia fue buena. Recuperaron la vuelta -, dice Don.

Los carros entran a ‘pits’. Logano sale delante de Montoya esta vez. Johnson va de veinticuatro. Montoya de veintiocho.

- Si llueve viene de allá -, indica Don señalando una nube negra. – El pronóstico del tiempo dice que a las cinco lloverá.

La carrera se relanza faltando ochenta y tres vueltas. Los carros aceleran por la recta al rugir de sus motores.


Matt Kenseth pasa a Edwards arrebatándole la punta, Tony Stewart va de tercero y Mark Martin de cuarto. En el siguiente giro Edwards recupera el liderato, Johnson adelanta algunos carros y Montoya pasa a Logano. Algunas vueltas después Johnson va de noveno. Montoya de veintidós. El piloto bogotano pasa al carro 43 de su excompañero de equipo Reed Sorenson y se pone detrás del carro 24 de Jeff Gordon. Lo supera. Johnson adelanta al 00 de David Reutimann, ubicándose sexto. Kurt Bush entra a ‘pits’ con su bólido echando vapor por el capó. Montoya pasa al 5 de Mark Martin, Johnson adelanta al Toyota 83 de Brian Vickers. El toro de Redbull aparece pintado a los lados del carro. Gordon desacelera y entra a ‘pits’. Don lo señala con el dedo. – Acaba de decir por radio que su carro está hecho una mierda -. El cielo empieza a oscurecerse.


De un momento a otro la carrera se ha puesto interesante. Los bólidos siguen girando. El colombiano parece continuar al ritmo de los punteros y por fin me siento aliviado. Quiero verlo avanzar, adelantar contendores de forma osada como lo veía por TV en Bogotá.

- Montoya es un berraco -, era una frase frecuente. Siempre imponía su monoplaza sobre Paul Tracy, Gil de Ferran, Christian Fittipaldi, Max Papis, Tony Kannan, Cristiano da Matta, Patrick Carpentier.

Hoy en día Pali, Pierre y David viven en Toronto, Payo en Montreal, Pispe en Miami, Novoa en Buenos Aires y Arjona en Madrid. Sólo El Negro y Buenaventura quedan en Bogotá.

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Monday, June 22, 2009

Pocono 500 - Parte II - Por: Eduardo Bechara Navratilova



Cada carrera es diferente. Depende del trazado, el rendimiento del carro, la estrategia y el estado anímico de equipo y piloto. Montoya llega a Pocono luego de dos años sin ganar. Su primera y única conquista en la Nascar fue en Sonoma 2007, de forma que suma setenta carreras sin conocer las mieles del triunfo.

La tribuna del Autódromo se extiende frente a la recta del triangulo de 2.5 millas conocido como ‘The Tricky Triangle’, o triangulo de las Bermudas por su exclusivo diseño de tres curvas diferentes. La primera se trazó a semejanza del extinto autódromo de Trenton, la segunda al de Indianápolis y la tercera al de la Milla de Milwaukee. Un bosque de pinos lo rodea.

La voz de un comentarista sale de los parlantes inundando las gradas. Introduce a los corredores de atrás para adelante. La hora de la carrera se acerca y los espectadores la esperan ansiosos. El fuerte sol continúa calentando mi piel, aunque algunas nubes flotan sobre el aire. Ubico mi puesto y me siento de cara a la tercera curva que según Elliot Sadler “es la más engañosa”. El comentarista introduce a Clint Bowyer. El público aplaude.


Un destacamento militar forma en la línea de llegada de cara a una tribuna de estructura blanca al otro lado en ‘pits’. Un tablero vertical exhibe los números de los carros que parten en los ocho primeros puestos. El viernes llovió en la clasificación y los comisarios decidieron que se largue de acuerdo al orden de clasificación general. Montoya parte de 15. Tony Stewart sale de primero.

El presentador anuncia a Montoya por los parlantes y se escucha un abucheo general. Aparece en la pantalla estrechando la mano de algunas autoridades de Pensilvania. Poco después pasa hablando con Kasey Kahne sobre la parrilla de un Hammer del ejército. Los dos saludan sin entusiasmo.


Su estado anímico se distancia una galaxia del que lo acompañaba cuando se coronó campeón de la Cart y reto a Michael Schumacher en la F1. En esas épocas estaba acostumbrado a ganar, ahora está acostumbrado a no hacerlo. En los grandes premios de Cataluña, Nürburgring y Japón en 2001, Australia, Malasia, Cataluña, Hockenheim 2002 y ocho grandes premios más, subió al podio con cara de pocos amigos. Con su mirada le decía al mundo: “Esto no significa nada para mí. Llegar de segundo es perder”. Hace un par de semanas un comentarista le preguntó en Charlotte si estaba pensando en ganar y Montoya respondió que se daba por bien servido si quedaba entre los diez primeros. Al final terminó de octavo.

- Con ustedes Kyle Bush -, dice el comentarista.

- Buuuuuuuuuu -, se escucha un abucheo general. Un hombre caucásico con camiseta de Jimmy Johnson se sienta a mi lado. Se pone unos audífonos azules con el número 48 en amarillo y hace un paneo general con unos binóculos. Pasa Kyle Bush en el Hammer y lo abuchean de nuevo.

- ¿Por qué no cae bien Kyle? -, le pregunto.

- Es desagradable, no actúa de forma profesional.

Tonny Stewart, primero en la general, pasa en compañía de Jef Gordon y Jimmy Johnson segundo y tercero respectivamente. – ‘Lets go Jimmy; you’re the best’ -, grita el hombre.


- Me gusta Jimmy -, le digo asintiendo con la cabeza. – Siempre está en la punta cuando toca: al final de la carrera.

- Sí, para Jimmy terminar de segundo es perder -, responde Don. – ¿Tu a quién le vas?

- A Montoya, soy colombiano.

- ¿Eres colombiano? ¿Qué haces aquí?

- Acabo de terminar una Maestría en Escritura Creativa en la Universidad de Temple. Vine desde Filadelfia.

- Montoya hizo algunas cosas impopulares en su primer año y la gente no lo quiere -, comenta.

- ¿Cómo te llamas?

- Don Clark, mucho gusto -, dice estrechándome la mano.


Los mecánicos, técnicos y pilotos de los equipos forman de cara al centro del autódromo y un reverendo hace una oración. Se hace un minuto de silencio por un soldado de Pensilvania que murió en Irak y fue enterrado el jueves. El himno de los Estados Unidos está a cargo de Louis Clark. Cuando llega a las notas más altas salen disparados unos voladores que revientan en luces amarillas.

- Mira ahí viene -, me indica Don señalando un bombardero de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que se enfila sobre la tribuna. Pasa a baja altitud con su amplio fuselaje y cuatro grandes turbinas silenciosas.


Papá era un ferviente hincha de Montoya. Le perdió interés con su paso a la Nascar aunque siguió viendo las carreras de la F1. De vez en cuando cambia de canal para ver cómo va el corredor colombiano.

- Va en el puesto de siempre, veinte -, dice sin entusiasmo. – Los carros de la Nascar parecen hipopótamos corriendo en una corraleja.

- Eso será el de Montoya. Los punteros pasan volando -, le respondí cuando fui a ver la primera carrera en Dover 2008.

Ryan Reynolds toma el micrófono y grita: ‘Gentleman, start your engines.’ Los bólidos prenden sus motores, salen de ‘pits’ y siguen al ‘pace car’ por la pista de asfalto. El olor a combustible impregna las tribunas cuando pasan frente a nosotros.


Para sus detractores fue el castigo perfecto. El colombiano ha estado lejos de ser una figura carismática. Más aún, ha sido acusado de ser antipático, prepotente, presumido y peor que eso, un bellaco, alguien que le niega su autógrafo a un niño que lo ve como un ídolo salido de otro planeta.

- No me vas a creer éste cuento de Montoya -, me dijo un amigo una vez. - Le tumbó el esfero de la mano a un niño en un avión de Avianca.

– Que Montoya casi saca de la carretera a un carro en la vía Bogotá- Melgar -, me comentó otra persona. Que Montoya esto o aquello. - ¿Cómo puedes seguir viendo a Montoya? Ese man es un perdedor -. O esta otra: - ¿Va ir a ver al ‘loser’ de Montoya correr en la Nascar? -. Y sí, supongo que uno se convierte en una especie de perdedor también por seguir viéndolo, mucho más cuando quedó de 31 en la última carrera en la que lo fui a ver a Dover.


Don me regala un paquete de combos que abro y empiezo a mascar mientras la fila de carros entra a una nueva vuelta detrás del ‘pace car’. - Mi esposa tuvo que trabajar y se está perdiendo la carrera -, comenta ajustándose las gafas de sol.

El ‘pace car’ apaga las luces y los carros se enfilan por la curva tres acelerando a toda velocidad. Un ruido insoportable invade las tribunas mientras el bólido 42 de Montoya intenta sobrepasar al 9 de Kasey Kahne. El último de los cuarenta y tres carros en pista pasa y se alejan por la recta tomando la primera curva. Los vemos en la lejanía recorrer la curva de Indianápolis y acercarse a la de la Milla de Milwaukee. El sonido ensordecedor llega de nuevo cuando los primeros carros alcanzan la recta y pasan raudos. Montoya ganó dos puestos y va de trece.


Las familias a mi alrededor vitorean el paso de los carros y una vez más el sonido se aminora, los bólidos entran en la curva del extinto autódromo de Trenton y los vemos alejarse en la lontananza. Denny Hamlin se queda en la mitad de la curva de Indianápolis y los comisarios sacan la primera bandera amarilla. Una grúa lo empuja hasta sus ‘pits’ y la carrera se lanza de nuevo.

Al poco tiempo Michael Waltrip entra a ‘pits’ – Hay un rumor de que es marica -, dice Don bajando los bordes del labio. Sus dientes inferiores se hacen visibles. – Menos mal éste es su último año en la Nascar - añade. Permanezco en silencio.


Los carros se alejan y el sonido se reduce. Incrementa y aminora a medida en que los vehículos pasan y se alejan. Montoya ha ido perdiendo puestos, lo pasó Kasey Kahne y el 00 de David Reutimann. Cada vez está más lejos del ritmo de la punta.

Jimmy Johnson pasa al primer lugar y Don me lo señala con el índice. Se quita su gorra con el símbolo de la Nascar y la sacude al aire. Denny Hamlin sale y el carro se le vuelve a apagar en la curva de Indianápolis. El ‘pace car’ se ubica frente a Jimmy Johnson y le dan una vuelta a la pista. La luz verde se enciende en la entrada a ‘pits’ y toda la fila de carros entra precedida por el bólido número 48 que tiene el primer espacio justo frente a nosotros. Le sueltan los pernos al sonido agudo de la maquina eléctrica. Le cambian las llantas con rapidez, aprietan los pernos y los mecánicos corren al otro lado a cambiar las otras. Le terminan de poner combustible al tiempo en que el gato baja el carro y le dan la indicación de salir. Chilla sus llantas y recorre la línea de ‘pits’ en la que los cuarenta y tres carros pasan por el mismo proceso e intentan salir presurosos para ganar puestos sobre sus contendores. Dan una nueva vuelta detrás del ‘pace car’. El piloto colombiano anda lejos de los líderes en el puesto diecinueve.


El Montoya del 2009, diez años después de ser campeón de la Cart, es un hombre que goza de impopularidad en Colombia, Europa y ahora en los Estados Unidos. Los hinchas de la Nascar lo abuchean no tanto porque sea un tipo osco y engreído que no pertenece a una serie del norteamericano común, sino porque llegó precedido de mucho prestigio y no ha demostrado nada. Es un corredor de mitad de tabla. Dista mucho del contendor avezado que no respetaba pinta. Pero hay algo bueno de todo esto. La adversidad y falta de resultados lo han vuelto humilde.


Espere pronto la crónica Pocono 500 – Parte III – Por: Eduardo Bechara Navratilova

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Sobre mí

Eduardo Bechara Navratilova nació en la ciudad de Bogotá, el 9 de noviembre de 1972. Es hijo de un padre de origen libanés y una madre checa. En 1993 fue condecorado con la medalla Juan Bautista Solarte, otorgada al mejor soldado del cuarto (4to) contingente de 1992, de la Dirección de Reclutamiento Nacional de Colombia. Se graduó de derecho en la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, 1999, y se especializó en derecho comercial en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, Colombia, 2000. Luego de trabajar durante tres (3) años como abogado, realizó un viaje de seis (6) meses por Europa Occidental, Europa del Este, México y Canadá, y volvió a Colombia a publicar la novela “La novia del torero”, 2002, editorial La Serpiente Emplumada. Se graduó de literatura en la Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, (2005), y publicó su segunda novela “Unos duermen, otros no”, 2006, editorial Escarabajo. Es conferencista y profesor de talleres de literatura. Escribe crónicas de viaje y hace Reportajes Gráficos para el periódico El Tiempo de Colombia. En el 2007 se recorrió toda la costa brasilera pidiendo fondos para los niños pobres con cáncer (ver más acá). Es escritor independiente para otros periódicos y revistas literarias. El ser humano y su comportamiento dentro de la urbe contemporánea es su tema de fondo. En la actualidad realiza una Maestría en Escritura Creativa en la universidad de Temple, Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos de América.



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